Si alguien pasaba por Avenida de Mayo y 9 de Julio en horas de la madrugada, no iba a imaginar la cantidad de compañeros que poco después ˮ“a las diez de la mañana- estarían reuniéndose a lo largo de la calle Hipólito Yrigoyen para marchar hasta la Plaza de Mayo.
Allí estaban. Trabajadores, secundarios, jóvenes comprometidos. Compañeros de las provincias que viajaron largas horas y recorrieron cientos de kilómetros para estar presentes en una fecha tan importante para los argentinos. Miles de compañeros comprometidos que querían entrar a la histórica plaza del pueblo cantando “ ¡No nos han vencido!ˮ y encolumnados con las banderas e insignias de la organización con la que día a día ponen en cuerpo en los barrios, colegios, universidades, sindicatos.
"Bienvenida ser la disputa por la bandera de los Derechos Humanos, que es el centro de nuestra acción. El verdaderos triunfo de Néstor será si los partidos políticos levantan esa bandera para que esta batalla no termine acá", concluyó.
Una década atrás, Néstor entraba en ese mismo edificio para bajar los cuadros y abrir de par en par los portones de la ex Esma. Pidió perdón en nombre del Estado, e inauguró una etapa histórica no sólo para la democracia argentina sino para toda la humanidad. Nunca había habido un proceso tan significativo de juzgamiento a los genocidas por parte de los tribunales de su propio país, y nunca el Estado había tomado la política de impulsarlos.
Pero eso fue sólo el principio. Néstor sentó las bases para que se reabrieran los juicios y avanzaran día a día, pero también identificó a las corporaciones y a los cómplices civiles de la dictadura que ahora definimos como “cívico militarˮ. Por eso hoy el desafío es hacer justicia con ellos, y por eso desde el Estado se investigó la apropiación ilegal de Papel Prensa por parte de Magnetto y Noble y se llevó a la justicia. Por eso también hoy están en el banquillo de los acusados los directivos de Ford, Mercedes Benz, Ledesma, Acindar, y otras tantas compañías que hasta llegaron a poner toda su estructura al servicio del terror.
Néstor entendió que los derechos humanos debían ser que ni un solo pibe anduviera en la calle pidiendo monedas para poder comer, y supo que no habría derechos humanos hasta que no hubiera trabajo y dignidad. Por eso fundó un proyecto que hoy profundiza Cristina en donde las banderas son las de la ampliación de derechos: las del matrimonio igualitario, la igualdad de género, la de los pibes que pueden estudiar gracias a la asignación, al programa Progresar, y a todas las herramientas que el Estado pone a disposición de su presente y su futuro.
A treinta años de la recuperación de la democracia, hoy la juventud marcha con la alegría de haber vuelto a creer en la política como herramienta de transformación. Marcha con el orgullo de exhibir sus banderas y de cantar bien fuerte sabiendo que ése es su derecho y que debe ejercerlo. Marcha por las calles que otrora estaban vedadas al pueblo mismo, y llena de vida esa plaza en la que la que hace apenas doce años sólo se respiraba represión. Hace poco más de treinta años, a los jóvenes comprometidos con la política y la militancia el Estado los perseguía, secuestraba, torturaba y asesinaba. Hoy el Estado los abraza, los promueve, los impulsa para seguir transformando la patria en pos de la justicia social y de la felicidad del pueblo.
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