Este 11 de marzo se cumplen 53 años del triunfo presidencial del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) con la fórmula Cámpora - Solano Lima, tras 18 años de persecución y proscripción contra el peronismo. La consigna “Luche y Vuelve” se hacía realidad: la resistencia peronista, en sus distintas formas, lograba el retorno definitivo de Juan Domingo Perón a la Patria y al poder.
11 de marzo de 1973
La militancia vence, la proscripción cae
Hoy se cumplen 53 años del triunfo electoral de la fórmula Cámpora-Solano Lima del Frente Justicialista de Liberación, con el cual el peronismo volvió al gobierno, poniendo fin a 18 años de dictaduras, masacres y persecución. La estrategia de Perón y el puente con las nuevas generaciones. El “Tío” Cámpora: el símbolo de la lealtad.
En aquellas elecciones -las primeras, desde 1955, en las que el partido mayoritario podía participar- Perón seguía proscripto: el presidente de facto, Alejandro Agustín Lanusse, al realizar la convocatoria electoral, incluyó la conocida “cláusula Perón” que establecía que, para poder ser candidato, era necesario tener residencia en el país antes del 25 de agosto de 1972. El General eligió a su delegado personal, Héctor J. Cámpora, como candidato, con la conciencia de lo que esto significaba para el pueblo: “Cámpora al gobierno, Perón al Poder”.
Alguna vez, Evita había dicho de Cámpora que era el más leal. Y así lo demostró a lo largo de la proscripción. Cuando la conducción está proscripta, la lealtad se pone a prueba. El 11 de marzo es el día de la lealtad de quienes soportan el peso de la proscripción contra las tentaciones de la traición. Porque mientras algunos intentaron aprovechar la proscripción y el exilio forzado para construir el “peronismo sin Perón”, el Tío -como cariñosamente lo llamaba la juventud- mantuvo su coherencia y lealtad con el movimiento y con el General.
Junto a Cámpora estaba la juventud: los largos años de proscripción y la resistencia inclaudicable de cientos de miles de compañeros y compañeras fueron forjando una generación de jóvenes con las convicciones claras y una fuerte voluntad de lucha. La gloriosa JP sabía que, con el regreso de Perón, terminaba la etapa de la resistencia para pasar a una de profunda transformación del país, para volver a alcanzar una Patria económicamente libre, políticamente soberana y socialmente justa.
Néstor Kirchner contó que él fue fiscal de mesa ese 11 de marzo. Tenían orden de subir a los camiones con las urnas para garantizar la transparencia de las elecciones. “Se sentía que la democracia volvía a la Patria”, relataba.
Mientras tanto, en Buenos Aires, en la esquina de Santa Fe y Fray Justo Santa María de Oro, llegaban los resultados. El comando de campaña del FREJULI se llenó de militancia, la esquina también, para festejar el acto democrático con el Tío a la cabeza. La victoria era un hecho: 49,5% para la fórmula Cámpora-Solano Lima mientras que Ricardo Balbín obtuvo el 21,3%. El radical aceptó enseguida la derrota y se bajó del balotaje.
Cuando la conducción está proscripta, la lealtad se pone a prueba. El 11 de marzo es el día de la lealtad de quienes soportan el peso de la proscripción contra las tentaciones de la traición.
La convicción de esa juventud comprometida con la realidad de nuestra Patria evocaba a los “fanáticos”, como lo había nombrado ya hace años Evita, porque no vivían de forma egoísta, vivían con la seguridad de que los ideales por los que luchaban valían más que la vida misma. Y muchos de ellos trágicamente lo iban a sufrir años más tarde. Comprendían que la política era algo colectivo, no las ambiciones de un caudillo, sino algo mucho más trascendente; la política entendida como una herramienta de transformación de la realidad, pero también una transformación de sí mismos.
Fue, en su primer 11 de marzo como presidente, que Néstor encabezó el primer “Encuentro Nacional de la Militancia”, apenas dos semanas antes de descolgar el cuadro del genocida Jorge Rafael Videla y de recuperar la ESMA. En Parque Norte, rodeado de compañeros y compañeras decía:
“Tenemos que volver a reconstruir el espacio de los militantes, de los cuadros, tenemos que volver a valorar la política y no queremos que se repita la mecánica casi empresaria de la política que tiende a acordarse de los amigos y de los compañeros para utilizarlos en cuestiones electorales. [...] Queremos que los lugares políticos sean lugares de meditación, de formación, de conciencia cívica, que tiendan a consolidar una Argentina diferente. Queremos que definitivamente se termine la idea de la clandestinidad de la política, de las cosas que se hacen en la política”.
El 11 de marzo simboliza una forma militante de hacer política –incluso política electoral— poniendo los intereses colectivos por sobre los individuales, los proyectos por sobre los nombres, la Patria encima de todo. Fue a partir de los gobiernos de Néstor y Cristina que la política dejó de ser mala palabra como fue durante los años neoliberales y dejó de estar asociada únicamente a las roscas, los cargos y la carrera profesional. La política son los valores, las convicciones y la organización colectiva.
Otro 11 de marzo, en el estadio de Ferro Carril Oeste, en el año 2010 Néstor hacía un llamado a la construcción colectiva y enfatizaba el rol fundamental de la juventud:
“Nosotros tenemos en claro que no hay estilos individuales, sino que tenemos que volver a la construcción colectiva de la política y tenemos la responsabilidad y la humildad de estar en el lugar o la trinchera que toque en cada momento histórico. Pero también sabemos que es fundamental que esa evolución, ese proceso evolutivo que trae el crecimiento, que trae la formación de nuevos pensamientos, que trae la formación de nuevas síntesis, que se oxigena con gente que viene realmente joven a aportar toda su capacidad creativa y el entendimiento de la capacidad evolutiva de los tiempos, tiene que tener en ese espacio nacional y popular que tiene como columna vertebral al peronismo de Perón, de Eva, de nuestros mártires, de nuestros desaparecidos, de nuestras Abuelas, de nuestras Madres, de nuestros intelectuales, tiene que ser la síntesis de la realización que tenemos que llevar adelante”.
Y el 11 de marzo de 2011, el primero sin Néstor, en Huracán, Cristina reforzó este sentido de la militancia:
“Esto nos tiene que llenar a todos de orgullo, pero también de una inmensa responsabilidad; la responsabilidad de profundizar a la organización popular, de abandonar vanidades y cuestiones dirigenciales que solo sirven para alejar a la gente de la política y creer que solamente esto es una feria de vanidades. Nuestro gran compromiso es a través del ejemplo diario y cotidiano, cualquiera sea el lugar que nos toque desempeñar; dar el ejemplo de humildad, de trabajo, de convicción para poder, entonces sí, seguir construyendo esta Argentina que tanto nos costó”.
Cristina convocó entonces a la “generación del Bicentenario” que “se están incorporando a la política, no contra algo, sino por alguien, por una historia, por la Argentina, por seguir mejorando las cosas”. La consigna era clara y contundente: Pueblo o corporaciones. Y por no arrodillarse jamás ante las corporaciones, hoy Cristina paga con su libertad el revanchismo gorila.
El 11 de marzo fue la alternativa que ideó Perón para sortear la proscripción, fue la movilización activa de nuevas generaciones que se incorporan a la política, fue la lealtad inquebrantable de Héctor Cámpora y millones más que entregaron su vida a la lucha por la Patria, y es la demostración que el pueblo siempre vuelve. A pesar de las bombas, los fusilamientos, la proscripción, la violencia, el desánimo y las derrotas; finalmente, la proscripción se cae y el pueblo vuelve. Vamos a volver.