Este 24 de marzo no es uno más. Se cumplen cincuenta años del golpe cívico-militar que instauró la dictadura genocida y extranjerizante, que hizo desaparecer a 30.000 compañeros y compañeras militantes para ejecutar un plan económico que destruyó la Argentina del trabajo, la producción y la movilidad social ascendente para dejarnos otra de timba, saqueo y precarización de la vida.
Desde la Ex-ESMA a Plaza de Mayo
Defendemos la Patria. Caminamos por los 30.000. Queremos a Cristina
A 50 años del golpe, marchamos para defender la patria contra quienes pretenden saquearla una vez más. Marchamos desde la Ex-ESMA para llevar a los 30.000 con nosotros y nosotras. Y pasamos por San José 1111: parada obligada en el camino del pueblo de vuelta a la Plaza de Mayo.
Una dictadura que nos sigue pasando, en un momento donde nuestra democracia está más debilitada que nunca. Para empezar, gobierna el país una fuerza política que hace apología de la misma, que coquetea con la posibilidad de dictar indultos a los genocidas y que en lo económico es la alumna más aplicada de José Alfredo Martínez de Hoz.
En segundo término, la principal líder política del país en este siglo XXI, Cristina Fernández de Kirchner, se encuentra secuestrada en prisión domiciliaria y proscripta a manos de una mafia mediático-judicial que reproduce con otros instrumentos el modus operandi del Partido Militar entre 1930 y 1983.
Por último, asistimos a una inédita cesión de soberanía política e independencia económica a manos del Fondo Monetario Internacional, las grandes corporaciones extranjeras y el mismísimo presidente de los Estados Unidos, que digita nuestra realidad económica a través de la cuenta de Twitter de su Secretario del Tesoro. Los efectos de este cóctel explosivo podemos verlos en la magra participación electoral del 2025, un claro botón de muestra de la insatisfacción democrática sobre la que hace años viene alertando Cristina.
La principal líder política del país en este siglo XXI se encuentra secuestrada en prisión domiciliaria y proscripta a manos de una mafia mediático-judicial.
Que tanto insista con que los males del país vienen de hace un siglo demuestra lo mucho que todavía les importa a los poderes concentrados ocultar el parteaguas que significó el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” en la historia de la patria. Recordemos que antes del golpe la Argentina era uno de los países más igualitarios del mundo. Teníamos los salarios más altos de América Latina, una industria pujante y una nación desendeudada. Los picos se alcanzaron en 1974, durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón. El índice de Gini, que mide la desigualdad, arrojaba un coeficiente de entre 0.33 y 0.35, menor al de Estados Unidos y varios países europeos. La participación del trabajo en el PBI acariciaba el 50% y la de la industria el 30%. La pobreza estructural se encontraba por debajo del 5%.
La dictadura supuso un cambio rotundo de matriz. El modelo económico dejó de ser productivo e industrial para devenir financiero y especulativo. La deuda externa se multiplicó seis veces, pasando de USD7.800 millones a USD45.000 millones. La participación de los trabajadores y trabajadoras en el ingreso nacional cayó pronunciadamente hasta el 30% y la industria al 22%. Cerraron alrededor de 50.000 PyMES y se perdieron 700.000 puestos de trabajo en el sector industrial. El incremento de la desigualdad fue notable y el coeficiente de Gini subió a 0.43 al final del período. El colapso del salario real absorbió todo lo que había crecido bajo el primer peronismo, algo que los diecisiete años de proscripción no pudieron lograr por la férrea resistencia política y sindical del movimiento obrero. El salario real de los trabajadores y trabajadoras nunca volvió a equiparar el de 1974, aunque en 2015 quedó cerca, y recién hacia el final de la década ganada pudimos recuperar y superar la participación del salario en el PBI.
Los grandes grupos económicos incrementaron sustantivamente su tamaño, su poder y su control del mercado, bajo el paraguas del Fondo Monetario Internacional.
También la dictadura sentó las bases de nuestra actual economía bimonetaria y a partir de ella el negocio del gran empresariado argentino pasó a ser la valorización financiera. Las fábricas perdieron centralidad frente a los bancos y el dinero comenzó a “valorizarse a sí mismo”, sin necesidad de invertirlo en la economía real. A pesar de que en aquel período la economía se contrajo y cerraron decenas de miles de empresas, los grandes grupos económicos incrementaron sustantivamente su tamaño, su poder y su control del mercado, bajo el paraguas del Fondo Monetario Internacional. El ancestro de Martínez de Hoz había votado en el Cabildo Abierto de 1810 por la continuidad del virrey Cisneros. En 1976, el ministro de economía de Jorge Rafael Videla eligió al FMI como autoridad del nuevo Virreinato que Estados Unidos impuso en la región a través del Plan Cóndor.
Dado que el pueblo argentino estaba organizado, movilizado y con altísimos grados de militancia, para imponer el brutal plan económico de Martinez de Hoz fue necesario el Terrorismo de Estado. En octubre de 1975, cuando todavía era comandante general del Ejército, Jorge Rafael Videla manifestó en una conferencia militar interamericana celebrada en Montevideo que “si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la paz del país”. Por eso la brutalidad de la represión, que no se llevó adelante mediante procedimientos legales sino montando un sistema de terror que incluía secuestros, torturas, desapariciones, violaciones, robo de bebés y una red de más de 800 centros clandestinos de detención y exterminio desplegados a lo largo y a lo ancho del país, con la complicidad del Poder Judicial, que siguió funcionando, los grandes medios de comunicación y las principales empresas de la Argentina, que en muchos casos entregaron listas con los nombres de los delegados y delegadas que tachaban de “subversivos”.
Con la guerra psicológica que los represores estudiaron en la Escuela de las Américas y bajo instrucción francesa, buscaban generar la sensación de que cualquiera podía ser un subversivo y ser secuestrado de un día para el otro. La visibilidad parcial del terror tenía precisamente el fin de desencadenar efectos como el rumor sigiloso y permanente, el cual, gracias a la amplificación del miedo, colocaba a la sociedad en posición de autocensura y complicidad pasiva. Que se sepa pero no se hable. Que no se pueda confiar en el de al lado. Que cada argentino y argentina se repliegue en su individualismo. De este modo el terror se volvió atmosférico. Y por eso Rodolfo Walsh, desde la Agencia de Noticias Clandestinas, postulaba: “El Terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”.
Quienes primero rompieron el aislamiento fueron las Madres de Plaza de Mayo, cuyo ejemplo es un faro de dignidad y esperanza para el mundo entero.
Nuestra democracia, como dijo Néstor Kirchner, es hija de las Madres y las Abuelas, que no se dejaron amedrentar y disciplinar el alma en medio del terror más oscuro y deshumanizante. Sin su infatigable lucha, Néstor Kirchner no hubiera podido terminar con la impunidad que los genocidas disfrutaron durante veinte años. Ellas abollaron la puerta y él, que junto con Cristina pertenecía a una generación diezmada, la de la gloriosa juventud peronista, la pateó y la derribó.
El día que pidió perdón en nombre del Estado y bajó los cuadros de Videla y Bignone, Néstor le transmitió a la sociedad argentina que “meterse” e “involucrarse” en política no solo no estaba mal, sino que era lo que había que hacer. Que se podía y se debía hacer política en la Argentina para transformar la realidad sin tenerle miedo al Estado. Como inmortalizó la canción: vos bajaste un cuadro y formaste miles.
La audacia y la decisión política de Néstor Kirchner de llevar adelante una política diferente fue lo que posibilitó que en esos maravillosos doce años la Argentina pudiera navegar a contracorriente. Donde la dictadura multiplicó la deuda externa, el kirchnerismo desendeudó al país y terminó con el tutelaje del Fondo Monetario Internacional. Donde la dictadura desmanteló el tejido productivo, el kirchnerismo volvió a colocarnos el sendero de la reindustrialización y la soberanía científico-tecnológica. Donde la dictadura pulverizó el poder adquisitivo, el kirchnerismo llevó los salarios y jubilaciones a los niveles más altos de la región y recuperó para los trabajadores y trabajadoras la participación en el 50% del ingreso nacional.
Sin embargo, con el tiempo la derecha volvió a organizarse—alrededor del Grupo Clarín—, primero para bloquear muchos de los grandes cambios empujados por el kirchnerismo, desde los juicios a la democratización del Poder Judicial, pasando por las retenciones móviles y la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y luego, directamente, para recuperar el gobierno. Durante las presidencias de Néstor y Cristina fueron nombrados, señalados y afectados en sus intereses muchos de los dueños de los grupos económicos que apoyaron la dictadura genocida, pero los jueces y fiscales no se mostraron dispuestos a avanzar contra tamaño poder. Eso les permitió reagruparse y ganar las elecciones del 2015, para volver a hacer lo mismo de siempre pero con otros medios.
Si el plan económico necesitó del Terrorismo de Estado para poder ejecutarse, lo que está permitiendo a los continuadores de Martínez de Hoz llevar adelante su programa de destrucción del trabajo y el salario argentinos es ni más ni menos que el lawfare como método de persecución y disciplinamiento, como mecanismo de justificación y de desvío de atención frente a los shocks económicos o las grandes tomas de deuda y como detonador del pacto democrático. Sin lawfare no hay FMI ni tampoco Sabag Montiel. Por consiguiente, sin proscripción no hay Milei. Igual que con el Plan Cóndor, se trata de un dispositivo que viene desde el Norte. Si antes teníamos al Partido Militar, ahora tenemos al Partido mediático-judicial, pues son los jueces y los periodistas del sistema los que van a formarse a Estados Unidos y después vuelven para perseguir. En Argentina la continuación de la dictadura por otros medios implica necesariamente la demonización, persecución, proscripción y prisión—porque la bala con la que intentaron matarla no salió— de Cristina Fernández de Kirchner.
A Cristina la proscribieron y la secuestraron en San José 1111 por revanchismo pero principalmente por estrategia, porque saben lo que hizo y lo que todavía puede hacer. La contraofensiva oligárquica fue posible porque no se completó el NUNCA MÁS: fueron juzgados los genocidas, no los que financiaron, apoyaron y se beneficiaron de su accionar—tampoco Macri, Toto Caputo y la banda de criminales que nos sobreendeudó de un día para el otro con el FMI—. En 1976 quebraron, desmovilizaron y desorganizaron al campo popular a través del Terrorismo de Estado. Desde hace una década, lo hacen con shocks económicos, terrorismo mediático y persecución judicial, sin abandonar el amedrentamiento físico.
Pero así como no se completó el NUNCA MÁS, tampoco la derecha pudo aplastar el NUNCA MENOS, esto es, la reivindicación y la imitación del ejemplo de los 30.000. Por eso proscriben a Cristina. Por eso reprimen en las movilizaciones.
Por eso buscan desorganizarnos y expropiarnos el tiempo con sus shocks económicos.
Para que las transformaciones sean duraderas, el poder necesita estabilizar el miedo, dominar las almas, planchar la rebeldía y comprimir los límites de lo posible. Cristina es la única dirigenta política del país que sigue representando un dique de contención frente a esa avanzada. Por eso la tienen injustamente detenida y proscripta. Por eso les molesta que salga a saludar a su balcón o se ponga a bailar. Por eso les preocupa que siga activa y tenga reuniones, así que le aplican peores condiciones de detención que a los genocidas. Y por eso seguimos visibilizando su situación, luchando por su libertad y manifestando en cada ámbito que queremos a Cristina. La queremos libre y conduciendo el peronismo y los destinos de la patria. Porque sin Cristina, qué duda cabe, no hay salida política a la actual crisis de la Argentina y el peronismo.
Este 24 de marzo, como venimos haciendo desde el 2017, marchamos desde la ex Esma a Plaza de Mayo. Marchamos para defender la patria contra quienes pretenden saquearla una vez más. Marchamos para llevar a los 30.000 con nosotros y nosotras. Y marchamos, pasando por San José 1111, para agradecerle a Cristina por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Para darle fuerzas y recibir las suyas. Porque sostenemos, en medio de rumores de indulto, que los genocidas tienen que estar presos y Cristina tiene que estar libre. San José 1111 es parada obligada en el camino del pueblo a la Plaza. Y queremos que Cristina nos acompañe.